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¿Puede la IA sustituir a un psicólogo?

16 de febrero de 2026
ia

El desarrollo de la inteligencia artificial resulta verdaderamente sobrecogedor, habiéndose convertido en una herramienta habitual en nuestra vida diaria: chatbots de atención al cliente que nos responden cuando nos comunicamos telefónicamente, sistemas de asistencia a la conducción, televisores y plataformas de streaming, app de retoque fotográfico, relojes inteligentes, dispositivos que monitorizan el bienestar a través de wearables, son solo algunos ejemplos de cómo se ha instalado de manera casi imperceptible pero fundamental en nuestra rutina de cada día.

Los sistemas de IA bajo la categoría de asistentes de bienestar emocional, chatbots de primeros auxilios, herramientas de terapia digital o bots de psicoeducación o autoevaluación han proliferado vertiginosamente. Al mismo tiempo, cada vez más personas recurren a estas herramientas como alternativa terapéutica o como forma de apoyo inmediato ante diversas situaciones.

Frente a los desafíos de los avances tecnológicos es prudente no ser dogmáticos, porque sabemos el futuro no está escrito y que los meteóricos avances tecnológicos y científicos transforman el porvenir más rápido que nuestras certezas. La posibilidad de que un sistema de inteligencia artificial preste atención psicológica es un tema en evolución y cada vez más relevante en el campo de la salud mental.

Ante esta realidad, es pertinente preguntarse si los sistemas de inteligencia artificial son una herramienta adecuada para la atención de la salud mental y si la IA puede reemplazar al terapeuta.

Los sistemas de IA generativa en línea como ChatGPT, CoPilot y Gemini pueden responder cualquier pregunta en segundos y generar la sensación de que cada conversación es una interacción única muy contextual y personalizada. Al mismo tiempo, los 'therapy bots' —robots virtuales programados con Inteligencia Artificial para fines psicoterapéuticos— emergen como alternativa para problemas de salud mental a los que recurren un número creciente de usuarios.

Simplificando la respuesta a la pregunta que nos hacíamos, los sistemas IA pueden simular conversaciones empáticas, hacer preguntas reflexivas y sugerir herramientas de autocuidado como respiraciones, ejercicios de journaling o técnicas de regulación emocional, pero no tiene una empatía genuina ni comprensión emocional profundas, solo una empatía algorítmica que no reemplaza el apoyo emocional profundo que surge de un vínculo real.

La interacción humana es esencial para el proceso terapéutico. Un psicoterapeuta no solo escucha palabras: también percibe la comunicación no verbal (expresiones faciales, gestos, expresiones corporales, posturas), los elementos paralingüísticos (pausas y silencios, tono, timbre, volumen, tipo de voz, ritmo) o respuestas corporales que representan distintas emociones (risa, llanto, carraspeo)

Por otra parte, aunque los modelos de IA generativa puede procesar información, aprender de datos y generar respuestas útiles, no están diseñados para abordar problemas profundos (traumas, duelos, trastornos de personalidad), crisis emocionales o situaciones de riesgo. En estos casos, recurrir a la inteligencia artificial como sustituto de la terapia profesional es no solo insuficiente, sino también contraproducente.

Sin embargo, algunos estudios solventes que se han centrado en eficacia de los chatbots de salud mental, sin contradecir lo que decimos, resaltan algunos beneficios potenciales. Así, un la investigación realizada por psicólogos docentes de la Universidad de Nottingham Trent publicado en  ScienceDirect, detectó un cierto efecto positivo en personas con síntomas depresivos. Por su parte, un metaanálisis publicado en 2023 en Nature pone de relieve que este tipo de herramientas, en general, mitigan el malestar psicológico puntual sin mejorar significativamente el bienestar de los usuarios: alivian a corto plazo, pero no sientan bases sólidas para una mente más sana. En cambio, la intervención terapéutica va más allá de buscar un alivio pasajero del malestar: Su propósito es acompañar a la persona en la comprensión de sus patrones, en la elaboración de experiencias y en el desarrollo de recursos internos que permitan cambios sostenibles. Aunque el alivio puede ser un punto de partida, la tarea terapéutica es construir transformaciones que perduren y amplíen la capacidad de vivir con mayor claridad, equilibrio y sentido.

Entre las repercusiones negativas que también resaltan los expertos como consecuencia del uso de los sistemas de IA como sustituto del psicólogo deben mencionarse el riesgo de hacerse dependientes de esta herramienta debido a que se trata de un recurso rápido y siempre disponible, por lo que puede incitar a emplearla de forma indiscriminada, buscando alivio instantáneo, así como también que puede generar aislamiento porque alimenta la ilusión de un apoyo emocional que es solo virtual. Otro aspecto crucial sobre el que nos alertan es la integridad de la información: cómo se manejan y protegen los datos de los usuarios.

En definitiva, las aplicaciones basadas en IA ofrecen herramientas que pueden ser útiles para ordenar ideas, realizar algunos ejercicios que favorecen el bienestar o acceder a información. Algunos ensayos clínicos han demostrado además su eficacia en la reducción de síntomas leves de ansiedad o depresión. Sin embargo, la IA no puede ni debe reemplazar la atención psicológica profesional cuando una persona enfrenta un malestar significativo, persistente o que afecta su vida diaria.

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