El ritual de los buenos propósitos
Es el gran momento ritual de cambio, que inspira en muchas personas una voluntad radicalmente transformadora seguida de declaraciones de buenos propósitos.
Gracias a la ficción del cómputo que significa ingresar en el nuevo año, la sensación de reinicio amplifica ese deseo de cambio como una oportunidad de reinventarnos, mejorar aspectos de nuestra vida, establecer metas que nos acerquen a la versión idealizada que querríamos construir de nosotros mismos.
Qué dicen las investigaciones sobre el cumplimiento de los propósitos que se realizan al empezar un nuevo año
Diversos estudios de investigación muestran que solo un porcentaje muy reducido de las personas consigue cumplir sus propósitos de año nuevo: la mayoría fracasan, y lo hacen muy pronto. Entre esos estudios, uno muy significatrivo es el realizado por la Universidad de Scranton, publicado en el Journal of ClinicalPsychology. Segúen el mismo, solo entre el 8 – 9% de las personas logran cumplir sus propósitos al final del año. Aproximadamente el 23% abandonan en la primera semana, y casi la mitad (43%) lo hace en febrero.
Las causas del abandono de las resoluciones que se hicieron al comenar el año están relacionados con factores deversos. Algunas de la claves que lo explican son:
- Proyectar unas expectativas irreales sobre el “nuevo comienzo”. El efecto de “nuevo año, nuevo yo” puede generar una motivación inicial súbita muy alta pero que por lo mismo puede desvanerse con la misma inmediatez si no hay una base de hábitos previos o estructura de apoyo firme.
- Formular objetivos inespecíficos, excesivamente vagos o inconcretos. En la lista de propósitos se tiene muchas veces más en cuenta la voluntad de convertirse en mejores versiones de uno mismo (llevar una vida más saludable, sentirse mejor, adquirir buenos hábitos) o ideales abstractos de felicidad.
- Establecer metas muy ambiociosas o escasamente realistas. Los estudios señalan que muchas personas se fijan objetivos que no encajan con su estilo de vida o que desbordan sus capacidades. Demasiados propósitos a la vez es el camino seguro al fracaso porque en la gran mayoría de persoonas la fuerza de voluntad es limitada.
- Proponerse empeños que no se alinean con deseos verdaderos, suficientemente arraigados o en motivaciones externas. A veces, los propósitos no surgen de una motivación intrínseca, sino que nacen del deseo de complacer a los demás: satisfacer expectativas de la pareja, la familia o del entorno.
Qué estrategias funcionan mejor
Que los porcentajes de éxito generales no sean muy optimismas no debe llevarnos a la conclusión de que es inútil hacer propósitos. La psicología demuestra que las personas que establecen intenciones formales de cambio tienen más probabilidades de lograrlo que quienes no lo hacen. Ahora bien, para que esas intenciones trasciendan a un cambio real y no se limiten a un ritual tópico, las investigaciones sugieren algunas claves:
- Plantearse propósitos bien estructurados.
- Basarse en motivaciones personales profundas.
- Tener objetivos concretos: enfocarse en un número reducido de objetivos maximiza los recursos cognitivos.
- Ajustar las metas sin una excesiva rigidez que pueda derivar a "Todo o Nada". La investigación sobre hábitos muestra que la persistencia es más importante que la perfección; perder un día no arruina el progreso, pero abandonar sí.
- Compartir los objetivos con personas cercanas: un estudio de la Asociación Americana de Psicología demostró que el apoyo social es una circuntancia que incrementa la probabilidad de éxito en el cumplimiento de los propósitos.
En resumen, la evidencia empírica nos dice que el ritual de los propósitos de Año Nuevo tiene un valor psicológico real como "momento de inicio", pero que su éxito dependerá fundamentalmente de la estrategia y de las herramientas conductuales que se utilicen.